
Nacío conmigo la muerte.
Le dieron cuerda
y la echaron a andar,
pero en silencio.
Hemos vivido juntos mucho tiempo.
Sin embargo nada sé de ella.
No la conozco.
No puedo imaginarla.
Nunca me ha dirigido la palabra.
Sé que está aquí: le pertenezco
y me pertenece.
Cuando se acabe la cuerda
conoceré a la inseparable de mí,
la indivisible invisible:
lo único que en el mundo puedo llamar,
sin jactancia y de verdad, mío.
Encuentro... de: José Emilio Pacheco
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